EL HOMBRE NO ES SU ERROR

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“El hombre no es su error”, decía don Oreste Benzi, pero muy frecuentemente, es justo una falta, una dependencia a clasificar una persona delante del resto del mundo. A veces para siempre.
Toxicómano, drogadicto: son “etiquetas”que se quedan pegadas a un hombre, es dificil quitarlas de enriba, pero es todavía más dificil hacer que los demás reconozcan que se puede tener de nuevo el control de su propia vida, que es posible cambiar.

Este año también la Comunidad Papa Juan XXIII se ha reunido en la iglesia de la Resurrección en Rimini por la Fiesta del Reconocimiento, con una liturgía especial para celebrar, el día de San Esteban, la renacida de los chicos que han terminado el programa terapéutico y vencido la droga.

Es una tradición que este año cumple 20 años: la primera misa del reconocimiento fue celebrada por don Oreste en 1995. En 95 han recibido el “Reconocimiento”: 65 italianos, que provienen en particular de Emilia-Romagna, Lombardia, Veneto y Abruzzo, y 30 de las estructuras de recuperación al extranjero, Croacia, Albanía, Brasil, Bolivia, Chile y Argentina. El 85% de ellos son masculinos, tienen más de 30 años y una larga historia de dependencia de sustancias y vivencias trágicas. La mayoría entró en Comunidad sobretodo por dependencia de heroína y cocaína, abuso de alcohol y dependencia de juegos de azar.

Y justo a causa de las drogas Francisco conoció el Asociación fundada por don Benzi. Empezó a fumar marijuana cuando tenía 14 años, puede ser al inicio como un juego, para imitar su hermano mayor, pero luego cayó en la dependencia y a solos 16 años inició a inyectárse heroína. Francisco ha contado a In Terris de provenir de una familia humilde, pero en la cual nunca le ha faltado, también gracias a su padre que trabajaba muchísimo (y por eso estaba frecuentemente fuera de casa). Sólo muchos años después y gracias a un trabajo interior muy duro ha conseguido comprender que lo que le había incitado hacia el mundo de las drogas era justo la falta de una relación diária con su padre.

“La vida del drogadicto es muy dura. Te levantas muy temprano en crísis de astinencia y el primero pensamiento siempre va allí, a la bestia. Para conseguir dosis Francisco ha robado, en su casa también, ha traicionado la confianza de familiares y amigos. “He dormido en automóvil, en la estación, en pensiones muy baratas sólo cuando lograba tener unos euros, y para comer a veces he tenido que pedir a los comedores sociales”.

Luego se dio cuenta de que había tocado fondo, y no lo aguantaba más… También ir al Sert para tomar el metadona se había vuelto en algo de insoportable. Y justo gracias a los profesionales sanitarios del Servicio para las toxicomanía ha elegido y aceptado entrar el el programa de recuperación de la Comunidad Papa Juan.

Un camino largo y faticoso, con pedras a estorbar el sendero, días en los cuales era dificil conseguir a aceptar y dejar atrás el pasado. Pero gracias a los profesionales de la Comunidad Papa Juan XXIII, Francisco lo ha aguantado. Ha concluido su programa de recuperación. Y luego ha decidido cambiar una vez más su vida, poniendola al servicio de los pobres, de los últimos. Después de haber aceptado una propuesta de don Oreste, Francisco partió por el Brasil adonde conoció a su mujer. No sólo ha conseguido tener el control de su vida, sino también recuperar la relación con su padre y con el resto de su familia.

“El pasado no puedo olvidarlo, es parte de mí – ha concluido Francisco -, todos mis errores y mis caídas, por los dolorosas que fueron, contribuyeron a convertirme en el hombre que soy. He encontrado mi misericordia en la toxicomanía”. Una bofetada a quien piensa que el padaso sólo se debe borrar.

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