EL JESÚS INCÓMODO

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ALDO BUONAIUTO

Repetir el mismo Feliz Navidad sin nominar a Jesús es casi inútil. Esto es un día extraordinario porque un hombre, procedente de un pueblito desconocido, alcanzó incomodar a la humanidad. En su nombre la historia cambió debiendo moldearse sobre las enseñanzas más revolucionarias de cada época. Por tanto Navidad no se puede considerar una fiesta como las otras, que transcurre en una feliz insensibilidad sin quitarnos de la indiferencia. Aquel niño apoyado en un pesebre no tiene nada de patético ni obvio.
Es la vida aparentemente débil y limitada que esconde en si misma el valor absoluto e irrepetible de cada existencia humana. Jesús modifica el ritmo del tiempo empujando toda la creación a reconocerse como parte creada y salvada por el único Dios encarnado. Partir de nuevo y entonces renacer desde Navidad de Jesús significa tener el coraje de la fe donde el odio, el abuso, las envidias y cada tipo de maldades humanas no tendrán más la última palabra.

“Por el camino de la historia – ha dicho Papa Francisco – la luz que raja el oscuro nos revela que Dios es Padre y que su paciente fidelidad es más fuerte que las tinieblas y la corrupción”. En el estable de Belén encontramos aún hoy una moltitud de niños abandonados, usados y maltratados. Mientre alquien finge de reconocerlo y adorarlo, muchos otros lo buscan sinceramente; mientras tanto, hoy tenemos los “nuevos Herodes”, exterminadores malados de poder, incapaces de sotometerse al Dios de la vida y de la libertad. En el año jubilar dedicado a la misericordia, Emmanuel nos recuerda que sin el perdón no se puede vivir en paz ni quedarse en el gozo.

La cristianidad, perseguida y menazata de maneras diferentes por sistemas diabólicos, apaga sin temor una luz de esperanza para conducir el mundo hacia la verdad. Los puros de corazón, los humildes y los pobres que llegan de prisa hacia el pesebre aún tienen algo que enseñar al hombre narcisista y cegado por si mismo. El canto de los ángeles pueda tocar nuestro corazón porque toda la vida se convierta en un alabanza sincera y consciente de los muchos regalos recibidos. Santa Navidad de Jesús nos incite a buscarlo dentro del importante autoestima, nos estimule a reconocerlo en el próximo y nos sorprenda en los encuentros más inesperados.

La Iglesia vuelva a ser una madre atenta de sus hijos, una madre cariñosa que no impone cargas sobre los hombros de los débiles, sino con sus brazos sea apoyo y consolación hacia todos. Los curas aprendan a escuchar más su propio rebaño y sean también esperanza para los lejanos. A las nuevas generaciones pueda llegar el anuncio de un Dios que camina junto consiguiendo la caída, compartiendo también a nuestros sufrimientos. Navidad de Jesús no escluye a nadie, sino incluye también los que lo ignoran o no lo reconocen porque todo se realiza desde hace más de 2000 años a través de un misterio inexplicable y incalculable.
Nuestra atención tiene que dirigirse hacia los que han perdido todo y viven en una terrible solitud. Los deseos verdaderos, los más incómodos tienen que llegar a quien sabe que puede hacer algo para los que tienen necesidades pero finge no saber o no comprender. A los crueles, a los envidiosos, Navidad ofrezca la oportunidad y el deseo de una conversión radical y sincera para que Dios-amor se convierta en carne.

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