BERGOGLIO Y WOJITYLA, LOS DOS MISIONEROS

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En Navidad del Jubileo extraordinario de la misericordia convocado por Papa Francisco, la memoria vuelve atrás al Gran Jubileo de 2000 de Juan Pablo II, elevados a los altares por Papa Bergoglio, el 27 de abril de 2014. Empezó justo en la noche de 24 de diciembre 1999. En esta celebración, hemos entrevistado padre Gianfranco Grieco, gerente del Pontificio Consejo para la familia, fray del Orden de Franciscanos Conventuales, doctor en Teología, ha sido por mucho tiempo Jefe del servicio vaticano para el “Observator Romano” y ha seguido Papa Wojityla en todos los viajes apostólicos. Entre los numerosos libros publicados, hay: “Peregrino. Juan Pablo II entre las sociedades del mundo”. (Ediciones San Pablo, 2007).

Padre Grieco, cual es su recuerdo de Navidad con Papa Juan Pablo II?
“Ciertamente para el Gran Jubileo de 2000, que empezó justo la noche de Navidad. Pocas horas después fueron abiertas las Puertas Santas en San Pedro, a Jerusalén y a Belén. Y también, me viene a la mente el encuentro con los jovenes que lo anticipó, en Nueva York, a Central Park, el 7 de octubre de 1995. De pronto, el Papa comenzò a cantar en polaco “Tú bajas de las estrellas”, sorprendiendo a todos. En el silencio, a pesar de la gran multitud de chicos, más de medio millón, se sentía solamente su voz. El mundo tenía que prepararse al Jubileo, porque Cristo que nace es el corazón del mundo y el centro de la historia humana y del gozo cristiano. Así invitaba todas las naciones unidas en una sola familia a prepararse a celebrar el gozo de la fe en Aquel que es, que era y que viene y a no tener miedo. El año jubilar saca a la luz la gracia de la misericordia y de la redención por Cristo, que nace, que muere, que resuscita. Son recuerdos que se quedan vivos y actuales y marcan el futúro también”.

Qué Navidad será esta, en el Año Santo de la Misericordia?
“Deseo a todos que sea sereno y lleno de gozo, en el signo de la solidaridad, de la fraternidad y de la Divina Misericordia, como pide Papa Francisco. Por supuesto, hay mucho miedo, en este tiempo, terror, ansiedad, solitud, aislamiento. Sentimientos, estos, contrarios al espíritu navideño. Para celebrar dignamente Navidad, desde el punto de vista espiritual, sin reducirlo a un evento comercial, ocurre un radical cambio de vida, necesitan elecciones coherentes con la fe cristiana”.

Este año, han sido levantadas muchas polémicas, en los medios, por la decisión de unos jefes escolásticos, católicos también, de prohibir pesebres o incluso no celebrar la Santa Misa. Qué piensa usted?
“Entran ganas de decir que vivimos no sólo un tiempo agotador, sino también de gran estupidez. Los sacerdotes tendrían que pensar al esencial de nuestro ministerio, que es la Eucaristía, la riqueza de la Iglesia, de las almas, de la espiritualidad cristiana. La Eucaristía es acogida, es amor, es bendición, es gracia. Es la carne de Jesús adulto, como el pesebre es un signo de la carne de Jesús niño. Cada vez que se discute sobre la oportunidad de vivir y manifestar llenamente nuestra fe se sale del camino de la verdad y de la lealtad hacia la Palabra de Dios”.

Qué decir a las familias que estarán reunidas para saludar la venida de Jesús?
“Las reuniones de familia no sean grandes apilamientos de familiares y amigos para huir de la solitud, sino sean ocasiones para interiorizar y sentir juntos el misterio de Navidad, que une madre, padre, hijos, hermanos, sobrinos, en el gozo de estar juntos y compartir todo, cada bien, material y espiritual, en la reciprocidad y en el amor. Celebrar Navidad en familia significa cambiar camino de vida con urgencia en el amor de los unos hacia los demás, gratuito y constructivo, vencer la cultura de la indiferencia y de la brecha, como siempre Papa Francisco invita a hacer”.

Qué significa, en concreto, “vencer la indiferencia”?
“Significa abandonar el feo camino del egoísmo, del individualismo, que esta sociedad nos muestra y que es el fruto venenoso de una temporada cultural y civil indiferente, sin valores morales de referencia, en que cada uno está cerrado en su propio beneficio y pequeño interés. No se utiliza más el “nosostros”, no se siente màs hablar al plural. Sólo hay el Yo, hipertrófico, bulímico. Vencer la indiferencia significa pensar y sentir al plural, como en una familia, una hermandad, en el solo cuerpo de Dios, sintiendose unidos como territorio, como ciudad, como barrio. Son pensamientos que no nos pertenecen más y tienen que ser recuperados, si no seremos siempre más solos, siempre más cansados y aburridos de vivir, siempre más temerosos”.

Cual es el vínculo, si lo hay, entre el Pontificado de Juan Pablo II y Francisco?
“La misionariedad, la Iglesia en salida. Para Papa Wojityla fue la bandera del ministerio de Pedro. En 27 años, hizo 104 viajes apostólicos internacionales, 200 en Italia, 830 visitas pastorales en las parroquias romanas, el domingo. Papa Bergoglio, en su todavía corto Pontificado, ha seguido adelante en este camino de la Iglesia por las calles del mundo. Sin puertas cerradas, blindadas, pero a pie, en los campos y en los desiertos de la existencia humana, cerca de quien sufre y tiene necesidad”.

 

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