UNA VIDA “HELADA”, JUNTO A BUCK

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“A los veinte años, era jefe en un restaurante de Terni, de cuatro estrellas, Astrolabio. Vivía en la comodidad, mientras que las personas a mi alrededor trataban de lograr sus sueños”. Así comienza su historia, que parece el trama de una novela, y con éxito, mi compañero de viaje en el tren en un trayecto corto en el corazón de Italia, desde Falconara hacia Roma. Su viaje de vida es mucho más largo, y especial. La mayor parte del año lo pasa solo, caminarndo por las calles de la existencia; en su mayoría, y sin compañía humana, en un desierto de hielo, en las islas de Svalbard, en el Polo Norte. Los geógrafos la denominan “la costa fría” del mundo. El frío, el hielo, es, para Massimiliano, “La brújula de oro”, de la novela fantastica de Philip Pullman. Con él, en la cabaña aislada en la nieve perpetua, en el Círculo Polar Ártico, durante unos cinco meses al año, está solamente su fiel amigo de cuatro patas, de raza siberiana, se llama Buck, como el medio-lobo protagonista de “El llamado del bosque”, un clásico de la literatura infantil, junto con “Colmillo Blanco “, del mismo escritor estadounidense, Jack London.

El oro, que Massimiliano ha buscado en su vida aventurera “de hielo”, es la serenidad. Los libros son hoy en día sus amigos más cercanos, y han sido también sus “padres”, dice. Creció gracias a ellos. El padre se separó de su madre “natural” – dice – cuando el tenía alrededor de un año, lo llevo junto con él y su hermano, mayor de dos años. La hermana se fue a vivir con sus abuelos maternos. Vió de nuevo a su madre solamente de adolescente. En todos esos años, su padre, un alcohólico, lo golpeaba con violencia. Era su escudo, durante los primeros siete años, la entonces pareja del padre, quien le enseñó  “lo que es una madre.” En tanto, “teniendo que elegir entre el sacrificio total y la salvación, decidió de irse”, con el hermano que ella tuvo con su padre.

“Durante años, tuve una gran ira que  albergaba en mi interior. Cuando estaba con los demás, era aparentemente tranquilo, un buen chico. Pero no se necesitaba mucho para hacerme exaltar. Hasta que acepté esta rabia. Fue entonces cuando decidí practicar la única virtud que Hermann Hesse declara auténtica, porque auto nutre: la tenacidad, ‘el coraje de cada día’, de ser uno mismo, libre de convenciones “, recuerda este buscador de oro en el Norte, del dolor y del rencor.

La decisión de partir y “apuntar hacia arriba”, la tomó a los veintiuno años, cuando su mejor amiga decidió de trasladarse a Cambridge, en Inglaterra, para estudiar. Era julio del 2010. “Elegí Copenhague como un destino, sólo para tener un objetivo, de lo contrario hubiera sido una fuga. No lo era, fue una elección. Yo quería vivir solo, sin ataduras, superar mis miedos. Y yo siempre he tenido una pasión por los paisajes fríos, por la nieve, por el hielo, por el Norte. Ir al Norte significaba ir a lo alto, seguir adelante “, dice.

Parte a pie, primera parada Cupramontana en las Marcas, donde encontró acogida en casa de un joven agricultor. “Francesco fue mi plataforma de lanzamiento para mi vida rodeada de naturaleza. Aprendí muchas cosas de él en una semana, de las plantas, de los animales, incluso a montar una tienda de campaña “, recuerda. Pero debo admitir, la llamada del hielo se hace sentir fuerte. Se pone de nuevo en rumbo, con 40 euros en el bolsillo, inmediatamente gastados en cigarrillos, un sombrero de paja, un par de alimentos, un billete de tren para Pesaro, donde había contactado un farmacéutico, que ofrecía alojamiento gratuito en las páginas web de Couchsurfing, por aquellos que viajan solos y sin dinero. “Él me llevó al restaurante, con él hice mi primer baño en el río”, comenta Massimiliano, acerca de su historia. Así llega a Milán, donde conoció a un joven checo, Rostlav. Con el nuevo amigo, siempre a pie, se dirige en dirección a La Spezia. En Génova, sin embargo, conoce a un chico que ha sido su “guía” durante dos meses, Lorenzo, que lo convenció para desviarse hacia Bélgica, luego a París, donde durmió en un saco de dormir en la calle, como un clochard. “Fue el momento más feliz de mi vida. La generosidad del espíritu de Lorenzo para mí era una cosa nueva. Prescindía de todo para ayudar a los más necesitados. Me enseñó a hacer malabares, para remediar lo necesario para vivir. “No te preocupes por el dinero. Este es el secreto de la felicidad, me decía”. Estos son los ángeles que se encuentran por las calles, los maestros de la vida cotidiana, para aquellos que tienen el coraje  “frío” de viajar solos, para explorar el bosque de su propia conciencia.

Por tanto, la destinación a Dinamarca fue abandonada y el viaje tomó dirección Sur, en esta ocasión, en Portugal, para asistir al Rainbow Gathering, la reunión anual de los que viven “de manera ecologica”, con bajo impacto ambiental y alta calidad existencial, en paz con la naturaleza y con los hombres.

“Fue una experiencia extraordinaria, un verdadero shock”, recuerda emocionado nuestro “valiente de cada día”, el buscador de su propio yo, con los  pies en la tierra, con una mochila en la espalda y un libro en el bolsillo. “Ochenta personas que vivían libres, sin preocupaciones, en armonía con la naturaleza, comiendo dos veces al día como veganos, con la comida que ellos mismos contribuían a producir con un sistema de vida saludable. Lo que usted recibe, devuélvalo. Es la lección más importante que he aprendido hasta ahora. Es la única ley que funciona “.

Massimiliano es ahora un hippy . Regresa a Italia, cambiado. Él decide de partir de regreso al Norte, al frío, que purifica y sana. “Viajé en autostop, en esta oportunidad conocí el maravilloso mundo de los camioneros. Y finalmente llegué a Noruega a Spitsbergen, donde vivo la mayor parte del tiempo. En una choza, en el páramo helado. Los seres vivos más cercanos son los osos polares , están a unos 30 kilómetros de distancia”. Solo y feliz. En compañía de sus amados libros, calentado por el afecto fiel y devoto de Buck, alegre como un cachorro, a pesar de tener ya ocho años y artrosis. “Cuando este viejo y enfermo, yo me encargaré de él como lo ha hecho él conmigo”, dice Massimiliano con simplicidad. Él sonríe, y me anuncia la próxima aventura. “Con un amigo, decidimos hacer un viaje por el mundo a caballo.” Toda su vida es una bofetada, frío, al miedo de vivir que hiela la sangre. Pero también, una caricia, tal vez, al miedo de amar.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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