Cristianos y musulmanes unidos por María

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“Somos hermanos.” Una frase pacifica, bálsamo en las heridas abiertas de la humanidad, en los tiempos de odio inculcado por el miedo y la hostilidad, generada por el sospecho, en el actual clima de terrorismo internacional. “Los cristianos y los musulmanes somos hermanos”, dijo Papa Francisco en la mezquita Koudoukou en Bangui. Pensé, en estos días de Adviento, que signo ejemplar de este ser hermanos y hermanas con los musulmanes, es la creencia común hacia la madre de Jesús.En el mundo musulmán, de hecho, está profundamente sentida la devoción a María, la única mujer que en el Corán, es llamada por su nombre; los Santuarios Marianos son metas de peregrinación de los fieles musulmanes que a ella acuden para pedir gracias y dirigen sus oraciones.  En Egipto, en Siria, en Marruecos y en otros países, los cristianos y los musulmanes cultivan este amor común por la Virgen. Extraordinario, entonces, es el signo de la paz que ocurre en Líbano, donde los cristianos y musulmanes celebran juntos incluso la Anunciación como fiesta nacional.

El encuentro – transmitido en televisión – es seguido por más de un millón y medio de personas. País desgarrado en el pasado por una larga guerra civil, el Líbano es consciente de lo importante que es la armonía entre los pueblos y por esto las autoridades políticas han establecido que el día del 25 de marzo, se celebra como Fiesta Nacional Islámico-cristiana. En este año jubilar, creo que la misericordia puede ser el hilo rojo que teje nuestro diálogo con el Islam: sabemos de hecho que los musulmanes agregan al nombre de Dios, apenas lo pronuncian, el título de “compasivo y misericordioso”: sobre esta realidad que nos une se puede construir un encuentro auténtico, de verdadera paz.

Y, como escribió en la carta de Adviento del 2015, Mons. Vincenzo Bertolone: “Si seguimos las instrucciones de la Mater misericordia tendremos el camino bien marcado, de hecho realmente tomaremos el atajo al cielo, sin cometer errores, como los habitantes de Babel, con la construcción de “una ciudad y una torre, cuya cúspide toca al cielo”. Durante varios años, Babel se perfila como una metáfora de nuestro presente de  mujeres y hombres de la modernidad. Enamorados de nosotros mismos, no nos damos cuenta de que cambia dramáticamente, no sólo la sociedad, sino también el mismo lecho del río, es decir, cambian los supuestos subyacentes, sobre los que se sostenía nuestra sociedad … “.
Los cristianos y los musulmanes de buena voluntad recibirán el apoyo de María, de su fecundo vientre de la Misericordia, signo solar de la amistad que puede salvar el mundo.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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