ABRAZADOS POR EL JUBILEO – Entrevista al Cardenal Francesco Montenegro

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La primera visita apostólica del Pontificado de Francisco, en julio del 2013, se llevo a cabo en Lampedusa, en la Arquidiócesis de Agrigento, una pequeña isla de Sicilia, lugar de desembarcos y de puerto para muchos hermanos sufrientes que dejan sus tierras, sus afectos, con la esperanza de encontrar una nueva forma de vida, y muchos la pierden en el mar. El Arzobispo Francesco Montenegro – entonces Monseñor, hoy en día Cardenal -, en la ocasión, la llamó  la “periferia del mundo, siempre ha sido una encrucijada de pueblos y una puerta de entrada a Europa en el Mediterráneo”. Y Jorge Mario Bergoglio es el Papa de los suburbios, geográficos y existenciales.

Incluso en el Jubileo extraordinario de la Misericordia que se abrió con antelación, de manera inusual, el domingo 29 de noviembre en Bangui, en la República Centroafricana, y que el Pontifice ha nombrado “Capital espiritual del mundo”. Aquí, en las periferias de la vida y de la dignidad humana, la “misericordia” recupera su sentido original: miser/i + cor/cordis, “tener el corazón cercano a los miserables, a los que sufren.” Y Dios está más cercano al corazón de los que sufren. En Agrigento, al comienzo del Año Santo, con la apertura de la “Puerta de la Misericordia”, en la Co-Catedral de la Santa Cruz en Villa Seta, será expuesto el Crucifijo, obra del artista Alexis Leyva Machado, realizada con los remos de la barcaza de los migrantes, que Papa Francisco recibió de Raúl Castro y que donó recientemente  a Lampedusa, la periferia del Sur de Europa, tierra prometida para muchas personas desesperadas, la frontera del amor misericordioso de los hombres. In Terris entrevistó al Cardenal Francesco Montenegro. Arzobispo de Agrigento.

Eminencia, ¿cuál es el significado de este jubileo extraordinario?
“Es la propuesta más importante y necesaria que el Papa hace a la Iglesia. En un mundo en el cual la violencia hace de protagonista, con el aumento de la pobreza, las personas heridas en el corazón, en el alma, en la existencia, existen poblaciones enteras devastadas por la guerra que abandonan sus países de origen en la busqueda de una oportunidad. El Año Santo, es una ocasión para todos los creyentes de replantearse sus vidas y cambiar su actitud ante la misma, de manera diferente, más fraterna, especialmente hacia los más necesitados. ”

¿Quiénes son hoy en día las personas que piden misericordia?
“Los miserables, las personas que sufren, son los viejos pobres, que continúan y aumentan, y las nuevas formas de pobreza, que se han convertido en algo consistente. Existen muchas personas, y el número crece cada día, que se encuentra en graves dificultades económicas, materiales y espirituales, que se encuentran sin educación, que tienen hambre y sed, que sufren la injusticia. Existe resentimiento y violencia, existe odio y tanta necesidad de amor y ternura, del abrazo de la comunidad, para sentirse realmente una sola familia humana “.

Concretamente, en la vida cotidiana, ¿cómo se puede ser misericordioso?
“Los campos son tantos para poner en común aquello que tienes. No es el superfluo, sino lo necesario y vital. No dar de comer y beber a los pobres, como limosna, sino el comer y beber con los pobres. Están las personas  desnudas, que piden de ser vestidas. Hermanos que huyen de la guerra y solicitan asilo. Ser misericordiosos, significa sobre todo, estar allí, con el corazón latiendo para los últimos y junto a ellos. Es el seguir el camino de Cristo, con coraje y amor, viviendo con coherencia la fe en Jesús y en el Evangelio. ”

Francesco pasará a la historia como el Papa de la misericordia y de los suburbios. En vuestras reuniones, hay algo que le ha dicho que la tocado particularmente?
“Todo lo que dice el Papa y todos sus actos están abiertos a la misericordia, con atención especial a los pobres y a los que sufren de cada genero de sufrimiento. Nos recuerda continuamente que los últimos serán los primeros en el corazón de Dios. Y nos invita a estar donde existe la necesidad de la caricia de Dios. El Santo Padre partió para África, a pesar de estar presentes muchos peligros. La misericordia es la esencia del Cristianismo, de vivir auténticamente el Evangelio, como hermanos en Cristo. Somos testigos de vida verdadera. Tenemos que derribar los muros y encontranos con los demás. El enemigo es el miedo”.

En estos días, se han producido numerosas controversias, en los medios de comunicación, desencadenados por la elección de algunos líderes escolares de prohibir villancicos cristianos natalicios, la exposición de crucifijos o del pesebre, en el nombre del diálogo interreligioso. El Obispo de Padua, dijo que estaba dispuesto a “dar un paso atrás, para promover la hermandad.” En Brianza, un sacerdote canceló la Santa Misa de Navidad, afirmando que la Eucaristía sería “un acto de adoración demasiado fuerte.” ¿Cuál es su opinión?
“La Eucaristía es un mensaje muy fuerte, y debería serlo, incluso para los cristianos. Un fuerte mensaje de paz y amor, de fraternidad. Si viviéramos seriamente el Evangelio, nuestra vida sería transformada por el amor y cambiarían muchas actitudes. El encuentro entre las religiones es una necesidad, pero el conocerce entre sí es un paso adelante para la construcción de una reunión de paz. Se tiene una idea distorsionada de los musulmanes. Se confunde el Islam con el fanatismo. Con muchos de ellos se puede hablar de asuntos de fe, se puede orar juntos, se puede caminar con el mismo paso, como buenos compañeros de viaje “.

La Iglesia ha sido afectada, recientemente, por los acontecimientos de lo que se ha denominado Vatileaks2. Está presente la sensación de que alguien, todavía en secreto, haya querido detener y deslegitimar los esfuerzos de reforma del Papa Bergoglio, para una institución eclesiástica y del Vaticano coherente con el Evangelio. ¿Cuál es su opinión?
“La Iglesia está formada por hombres. Están los más débiles, aquellos que quieren aprovecharse de su ministerio y aquellos que quieren obstruir la reforma de evangelización del Papa. No es de extrañarnos, sino de poner orden, con paciencia y con determinación, como lo está haciendo el Santo Padre. Si incluso Benedicto XVI habló de la “suciedad” y de la necesidad de hacer limpieza, está realidad existe. La Iglesia no está conformada por personas perfectas. Están quienes aceleran el pedal del mal, se necesita entonces frenarla. Con la guía del Evangelio “.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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