No se debe aprovechar del Voluntariado

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Existe un voluntariado sano, gratuito, generoso; y es aquel más común, visible, concreto. Están los que en cambio llevan aquel manto para ocultar intereses horribles, aquellos que se aprovechan de las desgracias de los demás, de los que hemos sido informados por las últimas actuaciones judiciales en la Capital italiana, donde se especulaba en los centros de acogida. Existe entonces una tercera forma de ver el voluntario, hipocrita, y que a menudo, es la forma en que se relacionan las instituciones.

El Estado de hecho, en sus diferentes declinaciones territoriales, con frecuencia se confia a aquellos que del voluntariado han hecho una misión, para ir a cubrir áreas que de otra manera no serían capaces de hacer frente. El rango de esta operación es muy amplio: se va desde la asistencia a las escuelas, confiadas a las asociaciones de ex policías, al soporte de la protección civil en la gestión de los parques públicos y del mantenimiento de carreteras, a la asistencia a los pobres y a los inadaptados , hasta legar a la gestión de sectores enteros relativos a social.

Y es aquí es donde la máquina burocrático-administrativa a menudo comienza su fase de explotación. Por que si bien es cierto que la gratuidad del voluntariado no permite  lucro, es cierto que la máquina para el servicio de asistencia tiene costos minimos de todos modos. Las comidas, por ejemplo, el combustible para las transferencias, el mantenimiento de las estaciones o de los medios, por citar algunos ejemplos. No todo es gratis, no todo se obtiene sin costo. Así que de esta manera nos confiamos en las convenciones, donde de frente a la mera cobertura de los costos se sostiene una enorme labor de asistencia a estos últimos.

Dejando a un lado a los que han gestionado las cooperativas de forma ilegal – y será la magistratura para arrojar la luz – en su lugar hay que estigmatizar el comportamiento del Estado que durante meses y meses no deposita a las asociaciones de voluntariado la necesaria cobertura de los costos, confiando y apoyándose en la enorme capacidad de abnegación que estas realidades tienen a menudo metiendolo de su propio bolsillo, pero aún garantizando la asistencia sin actitudes sindicales, debido a que el enfoque no es la de un “trabajo”, sino de una “misión”.

Papa Francisco invita a rezar “por todos aquellos que trabajan en el sector del voluntariado se comprometan con generosidad al servicio de los necesitados” y “también debido a que saliendo de nosotros mismos podemos entender al projimo, de aquellos que viven en los suburbios de las relaciones humanas y sociales.” Es lo que decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes hacen todos los días, y las palabras del Pontífice son la savia que corrobora. Una apelación debería  hacerse también a las instituciones, listas para presentarse con la bandera tricolor en el caso de un servicio de televisión en el ámbito social, y luego débiles de memoria a la hora de ajustar cuentas de lo necesario. Ayudar a los ayudantes no es un favor, es una obligación moral, incluso antes que legal.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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