LA HORA DE LA CONCRECIÓN

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ALDO BUONAIUTO

En la actual situación difícil y trágica, que está atravesando nuestra humanidad, es urgente y necesario detenernos para reflexionar sobre la responsabilidad de cada uno para la construcción de un tejido de valores que se ha derrumbado, casi por completo. De esta manera, podemos hacernos ayudar por un gran personaje que ha contribuido a la vida social, educativa, política y sobre todo cristiana en nuestro País: Don Luigi Sturzo.

Como sacedorte, me siento honrado de recordar esta gran persona, de fe, cultura, y pasión por el hombre comenzando con los más débiles, bien capaz de interactuar con las distintas realidades culturales e institucionales de su tiempo y de su contexto social, con el fin de capacitar a muchos jóvenes, hombres y mujeres,  para aumentar el bien común, el bien de todos.

Don Sturzo, más que un político, era un estadísta, con el significado que le dio De Gasperi: “Un político observa las próximas elecciones, un estadista a las siguientes generaciones.” Para él, la política era un compromiso pastoral. Su selección, para trabajar la viña del Señor era el Evangelio. Las reglas consistían en las bienaventuranzas. Allí se encuentra el contenido de su acción civil. La actividad política, iluminada por la fe en Jesucristo, significa servicio al hombre en su totalidad. Era, por lo tanto, una misión social y, al mismo tiempo evangelizadora, un testimonio de los valores cristianos de la humanidad, de libertad, de verdad y de justicia, en el “aquí y ahora” del vivir juntos en sociedad. En este sentido, la política era para él, un “deber” para los cristianos.

Esto me recuerda a mi fundador, Don Oreste Benzi, que tuve la suerte de acompañarlo durante 15 años. Él, era otro gran e incansable apóstol de la caridad y de la formación cristiana, tal vez en muchos aspectos aún pocos conocidos. También Don Oreste estaba enamorado de Dios y del hombre, teniendo una vista privilegiada en los más débiles y desesperados. Por lo que me viene natural comparar estos dos hombres de Dios y de la humanidad.

Don Luigi Sturzo, en su famoso discurso del 18 de enero de 1919, donde se cumplía el acontecimiento político más significativo de la unificación de Italia, del hotel Santa Chiara de Roma, se lanzaba la carta que estableció el Partido Popular italiano con estas famosas palabras: “A todos los hombres libres y fuertes, que en está grave hora, sienten alto el deber de cooperar a los fines superiores de la Patria, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, hacemos un llamado, porque unidos en su totalidad abogamos por el ideal de la justicia y la libertad “. Y todavía en otro momento dirá: “Si el sentido de lo divino falta, se echa a perder todo: la política se convierte en un medio de enriquecimiento, la economía alcanza el robo y el fraude, la ciencia a los hornos de Dachau, la filosofía del materialismo y del marxismo; el arte decaé en la prostitución “.

Don Oreste Benzi, en su lugar, a un mes de su muerte, durante la semana social de la Cei en Pisa, el 19 de octubre del 2007, citando un pensamiento de Séneca, en referencia a la pérdida social y del mundo católico, dijo: “Me preguntaba mientras escuchaba a los maravillosos oradores: ¿el cómo lograr el bien común? He visto, pienso y creo que el enemigo – perdonen la palabra – del bien común seamos nosotros los católicos. ¿En qué sentido? Por todas partes donde observemos se ha perdido, se ha derrumbado y después desaparecido la conciencia de ser del pueblo, pueblo de Dios, con una misión de salvación de hacer conocer… El interés del partido, el interés de los poderes, el interés de las habitaciones de los botones y todo lo que está conectado ello, se ha convertido en la conciencia práctica y de aplicación, y por lo que se obtiene la traición de la revolución cristiana … porque faltan las estrategias comunes para seguir adelante. Séneca afirma correctamente cuando dice que el viento es a favor de pocos, si el marinero no sabe a dónde ir. Y cuando el barco está demasiado firme, corre el riesgo de hundirse. Por inercia, por una ley interna, aquella de la inutilidad “.

Hoy, después de ocho años del discurso de Don Benzi,debo añadir que faltan también los marineros y muchos son los que escapan, traicionando el propio barco de la vía, verdad y vida. los ciudadanos han perdido la confianza en la política y en las instituciones. Aumenta la pobreza y hay muchos nuevos pobres. Cambia el trabajo, las relaciones entre los trabajadores y los empresarios.

Un creciente número de personas solas, confundidas, sin futuro, sin trabajo, sin dignidad. Es menor el sentido de pertenencia a una comunidad, a una familia humana. Crecen los problemas, pero también disminuyen las soluciones. En particular, nosotros los cristianos, estamos llamados para hacer algo más, algo extraordinario, por nuestros hermanos que sufren. Existe la necesidad de una obra para una nueva construcción social que tenga el coraje de ir a favor de la escuela de Jesús.

A llegado la hora de la concreción. Comenzamos a escuchar, como nos enseña Papa Francisco, el grito de los pobres, que son en realidad los sujetos activos y creativos de está humanidad. Es necesario volver a remar juntos, y no más divididos, en el barco de Cristo y de la humanidad. Nosotros hombres libres y fuertes, podemos alcanzarlo, si logramos también el ser valientes y por lo tanto, libres de los fuertes.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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