BERGOGLIO: “LA CORRUPCIÓN ES COMO EL AZÚCAR, NOS ENFERMA”

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papa kangemi

La corrupción es como el azúcar”, es dulce, nos gusta, es fácil y luego terminamos mal: tanta azúcar que acabamos teniendo diabetes y nuestro país termina siendo diabetico.” Papa Francisco se basa en una metáfora para explicar a los jóvenes kenianos, reunidos en el estadio de Nairobi, el cáncer de la malversación, otro mantra de su Pontificado. La corrupción está por todas partes, dijo Bergoglio, respondiendo a la pregunta de un chico, “incluso en el Vaticano existen estos casos”. Cada vez que aceptamos un soborno y lo metemos en el bolsillo “destruimos nuestro corazón, destruimos nuestra personalidad y nuestra patria. Por favor, no tomen gusto de esta azúcar, que se llama corrupción “.

“¿Pero todos  son corruptos?”, se preguntó. “Si no queréis corrupción en vuestro país, iniciáis vosotros. Si no  iniciáis vosotros la persona que está cerca no inicia. La corrupción nos roba la alegría, nos quita la paz, el corrupto no viven en paz. En mi país, una vez murió un corrupto. Pregunté cómo era el funeral, y una mujer con sentido del humor me respondió: no se podía cerrar el ataúd porque quería dentro todo el dinero que había robado. Aquello que habéis robado a través de la corrupción, permanece aquí y alguien más lo usará. A través de vuestra corrupción, causáis daño a los demás. La corrupción no es un camino a la vida, sino un camino a la muerte “.

Durante su discurso espontáneo el Santo Padre también se centró en los problemas sociales en Kenia. “Ayer fue un día de oración y reconciliación – dijo -. Os invito a vosotros jóvenes a que todos nos tomemos de las manos como señal contra el tribalismo. Todos somos una sola nación. Así también nuestro corazón. El tribalismo es no sólo dar la mano, sino el deseo y la decisión. Pero vencer el tribalismo es un trabajo diario, un trabajo de oído, de escuchar a los demás, una obra del corazón abierto a los demás, y una obra de la mano, darse la mano uno al otro. Y ahora vamos todos a darnos las manos “.

Hay una pregunta como base para todas las demás preguntas, explicó, “que me habéis hecho: ¿porque ocurren las divisiones, la guerra, la muerte, el fanatismo, la destrucción entre los jóvenes? ¿Por qué existe este deseo de destruir? En la primera página de la Biblia, después de todas las maravillas que Dios ha hecho, un hermano mata a otro hermano. El espíritu del mal nos lleva a la destrucción. El espíritu del mal nos conduce a la desunión. Nos lleva al tribalismo, a la corrupción, a la drogadicción, a la destrucción por el fanatismo “. La primera cosa “que respondería – continuó – es que un hombre o una mujer pierden lo mejor de sí mismos, cuando se olvidan de orar, porque se sienten omnipotentes, porque no sienten el deseo de pedir ayuda a Dios de frente a tantas tragedias” . La vida está llena de dificultades, admitió, “pero existen dos formas de observar los problemas, como algo que te bloquea, te destruye y te detiene, o como una oportunidad. A vosotros la elección. ¿Para mí una dificultad  es un camino de destrucción o una oportunidad para superar las dificultades bien sea para mí, mi familia, y mi país? Chicas y chicos, no vivimos en el cielo, vivimos en la tierra, y la tierra está llena de dificultades. La tierra está llena no sólo de dificultades, sino también de desviaciones que conducen al mal”.

Antes de encontrar a los jóvenes, el Santo Padre ha querido expresar su solidaridad y oración a los pobres, visitando el barrio pobre de Kangemi, un barrio muy pobre donde carecen de los servicios básicos, en el corazón de Nairobi. La población de más de 100 mil habitantes es multiétnica. El Papa recorrió las calles de tierra hasta la parroquia católica de San José Obrero, dirigido por los jesuitas que dirigen también un ambulatorio, un instituto técnico superior, un centro de asistencia a las madres necesitadas. “Gracias por darme la bienvenida en vuestro vecindario. Gracias al Señor Arzobispo Kivuva y al padre Pascal por sus palabras. En realidad – dijo Francisco- me siento como en casa, compartiendo este momento con los hermanos y hermanas que, no me avergüenzo de decir, tienen un lugar especial en mi vida y en mis decisiones. Estoy aquí porque quiero que sepan que vuestros gozos y esperanzas, vuestros miedos y vuestras penas no son indiferentes para mí. Estoy al tanto de los problemas a los cuales se enfrentan ¡todos los días! ¿Cómo no denunciar las injusticias que sufren? “.

“Me gustaría afirmar en primer lugar estos valores que vosotros practicáis, valores que no se cotizan en la Bolsa de Valores, valores con los cuales no se especula ni tienen precio en el mercado – afirmó haciendo hincapié -. Os felicito, os acompaño y quiero que sepáis que el Señor nunca se olvida de nosotros. El camino de Jesús comenzó en los suburbios, entre los pobres y con los pobres hacia todos. Reconocer estas manifestaciones de vida buena que crecen cada día entre vosotros, no significa de ninguna manera, ignorar la terrible injusticia de la marginación urbana. Son las heridas provocadas por las minorías que concentran el poder, la riqueza y que derrochan egoístamente, mientras que la gran mayoría debe refugiarse en los suburbios abandonados, contaminados, descartados “. “Esto se agrava cuando observamos la injusta distribución de la tierra (quizás no en este barrio, pero sí en otros), que conduce en muchos casos a enteras familias  a pagar alquileres de vivienda en condiciones de construcción para en nada adecuadas. También supe-agregó el Papa- del grave problema de la apropiación de tierras por parte de los “empresarios privados” sin rostro, que pretenden también apropiarse del patio de la escuela de sus propios hijos. ”

En este sentido, “un problema grave es la falta de acceso a las infraestructuras y los servicios básicos. Me refiero con esto a los baños, desagües, alcantarillado, recolección de la basura, electricidad, carreteras, perto también a las escuelas, hospitales, centros de recreación y deportes, talleres de arte. Me quiero referir en particular al agua potable “. Es necesario para el Pontífice “recuperar la idea de una integración urbana respetuosa. Ni erradicación, ni paternalismo, ni indiferencia, ni simple contención. Necesitamos ciudades integradas y que sean para todos. Tenemos que ir más allá de la mera recitación de derechos que, en la práctica, no son respetados, y aplicar medidas sistemáticas para mejorar el hábitat popular y proyectar nuevas urbananizaciones de calidad para acoger a las futuras generaciones. La deuda social, la deuda ambiental con los pobres de las ciudades, se pagan concretizando el derecho sagrado a la tierra, a el hogar y al empleo [las tres “T”: tierra, techo, trabajo]. Esto no es filantropía, es un deber moral de todos “. De ahí el llamado del Papa “a todos los cristianos, en particular a los Pastores, de renovar el impulso misionero, a tomar la iniciativa contra las muchas injusticias, a involucrarse en los problemas de los ciudadanos, para acompañarlos en sus luchas, a vigilar los frutos del trabajo colectivo y celebrar juntos cada victoria pequeña o grande que sea “.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

 

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