EL MISTERIO DETRÁS DE LOS TATUAJES

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Algunas personas los consideran formas de arte, algunos los ven más bien como una forma de desfigurar el cuerpo. Pero detrás de los tan populares tatuajes, hay mucho más. Es mucho más inquietante. Pocos conocen la etimología de la palabra tatuaje. Proviene de la palabra en Inglés “tatoo”, acuñada al aventurero inglés James Cook, capitán legendario que ha surcado los mares a mediados del siglo 18. El término proviene de dos frases usadas en Polinesia: “ta” que significa “patrón grabado en la piel” y “atua” (espíritu). Ya de aquí, se puede entender como el tatuaje, que para la mayor parte viene percibido sólo como un diseño, tenga raíces ocultas.

Por supuesto, esta práctica es mucho más antigua. En algunas cuevas, por ejemplo, fueron encontradas pinturas de hombres pintados o tatuados. Estamos hablando de hace unos 60.000 años, de tradiciones en las que los aborígenes se hacían heridas y se pintaban sus cuerpos para dar testimonio un status o para protegerse de los espíritus (de aquí el término …). Ciertamente, las momias egipcias de la undécima dinastía (2065-1745 a.C.) tenían tatuajes. Incluso Otzi, el homínido descubierto en 1991, en un glaciar en el Sur Tirol y que tiene 5.300 años, el cuerpo presentaba 15 grabados de diseños.

Y sin embargo, a pesar de está gran difusión, tanto en la antigüedad como hoy, el tatuaje no es bien visto por las religiones. No sólo la cristiana – de la cual vamos a hablar ahora-, sino también en otras religiones. En referencia al Islam, la mayoría de los musulmanes los consideran haram (es decir, prohibido o tabú) un tatuaje permanente. Según un hadit (una historia) de Abu Juhayfah el Profeta Mahoma, ha maldecido tanto al tatuador como al tatuado. Según otro hadit, el tatuado es alguién que ha escogido a Satanás y rechazado a Allah. En particular, esta es la posición de los musulmanes sunitas; que todos estén de acuerdo especialmente los chiítas, es otra historia.

Aunque el judaísmo se opone a la práctica. El judaísmo ortodoxo y tradicional, de hecho, se basa en dos versículos de la Biblia. Específicamente en el Levítico \ 19,27 y 28: “No os haréis incisiones en vuestro cuerpo por un muerto, ni tatuajes en él.” Yo soy el Señor “. En un primer momento la prohibición hizo sin duda referencia a las costumbres paganas en el caso de lutos, pero el significado con el tiempo se ha ampliado .

¿Y la Iglesia? En el siglo IV San Basilio advertió acerca de los tatuajes definiendolos una práctica pagana asociada con los apóstoles de Satanás. En el año 787, el Papa Adriano I, en el Concilio de Calcuth, en Inglaterra, reafirmó la prohibición absoluta. En el mundo cristiano la prohibición se basaba en Constantino (325 d.C.), cuando afirmó que el tatuaje “arruinaba aquello que había sido creado a imagen de Dios.” Durantes siglos tal advertencia se ha repetido varias veces. Tratemos de entender por qué …

Según el teólogo Simone Iuliano, “cuando se consiente a la tatuatura, se realiza un pacto de sangre con la persona que realiza el tatuaje, se abre la vida a cualquier espíritu con el que se está vinculado, se les permite de entrar en nosotros. Gracias al consenso de la sangre – precisa siempre Iuliano – se abre un pasaje que permite a los demonios que entrar en nosotros. Este es el principal problema. Cuando nos tatuamos abrimos la puerta a los espíritus demoníacos de tormento, los espíritus impuros, incluso si el tatuaje no es el resultado de un acto de rebeldía, sino simplemente una expresión estética. Y el hecho de tatuarse imágenes y símbolos cristianos no hace ninguna diferencia”.

La distinción es importante, porque incluso en la tradición cristiana existe la práctica de marcar indeleblemente el cuerpo. Entre los coptos, por ejemplo, la práctica del tatuaje se extendió para enfatizar su identidad en países como Egipto o Etiopía, donde la mayoría es de Fe musulmana. El símbolo más utilizado es una cruz en la cara o en el pulso. Una señal que en la actualidad es particularmente peligrosa, dada la creciente influencia de los fundamentalistas.

Incluso en el Santuario de Loreto, en Italia, existen “frailes marcadores” que – a petición – marcan indeleblemente el pasaje en el lugar de culto. Muchos jóvenes se marcan con imágenes sagradas, para testimoniar visualmente su fe, que hace recordar las cruzadas. Y todavía hoy en día, muchos peregrinos ortodoxos en Jerusalén se hacen tatuajes de cruces en el estudio de la familia Razzouk, que está en este tipo de negocio desde hace 300 años.

Pero, a pesar de esta expansión, las preocupaciones en el ámbito cristiano siguen siendo las mismas. Las ha resumido Don Gianni Cioli, profesor de Teología moral en Florencia: “Las reservas se remontan a tres razones básicas. La primera es que los tatuajes pueden constituir, especialmente si se realizan sin la debida precaución, un peligro para la salud.

La segunda razón es que la moda ahora está a menudo vinculada a una cultura de la transgresión y a una tendencia  de la exhibición  provocativa y erótica del cuerpo, sin duda, un problema para la moral cristiana. La tercera razón, es que está cultura tiene sus raíces en lo esotérico y, a veces incluso en el satanismo; un símbolo aparentemente inocuo propuesto por los tatuadores podría tener significados ocultos que un cristiano debería aborrecer”. No es sorprendente, que a menudo los exorcistas experimentan dificultades en el trabajo con personas tatuadas; durante las oraciones de liberación en las zonas tatuadas que dan la sensación al poseído de ardor o quemadura. Testimonios ciertos, no suposiciones. Y esto, sobre todo a un cristiano, lo debe hacer pensar…

Extraído libremente de las “Actos de la Conferencia Internacional de los exorcistas”

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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