NIÑOS EXPLOTADOS 

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El 20 de noviembre es el aniversario de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (Uncrc), que fue aprobada en 1989. Un punto de referencia para los menores de edad, los cuales por primera vez no fueron vistos como objetos pasivos que debían ser asistidos, sino más bien como personas que participan activamente en las decisiones que se deben adoptar. Pero está adquisición de “dignidad”, a menudo anunciada por el Occidente para reivindicar una especie de superioridad sobre el resto del mundo, está todavía siendo constantemente violada. Sucede ante los ojos de todos, tan acostumbrados que no nos damos cuenta de ello.

El uso indiscriminado de las imágenes por parte de las asociaciones y organizaciones no gubernamentales para recoger fondos destinados en las ayudas humanitarias y a la solidaridad internacional, a pesar de tener intenciones nobles, es el último episodio de violencia que está sociedad moderna efectuá en contra del conocido Tercer Mundo. Periódicamente, de hecho, coincidiendo con las fiestas de Navidad y de Semana Santa, se realizan campañas de promoción con un estilo casi idéntico: retratos de niños africanos, severamente desnutridos, con sibilancias, el estómago hinchado, la mirada vacía, spot que tienen sólo la intención de especular sobre el sufrimiento.

Hay quienes defienden este enfoque, esencialmente haciendo hincapié en el objetivo humanitario y los cuales siguen la idea de que “el fin justifica los medios”; otros condenan los mensajes que se basan en el cliché del esqueleto africano, vistos como una forma de espectáculo de sufrimiento, tan crueles de definirlos “la pornografía del dolor”.

Independientemente de la propia opinión, es legítimo preguntarse: ¿es realmente necesario el uso de imágenes tan fuertes o se debería preferir una forma de comunicación más respetuosa de las poblaciones destinatarias? No es casualidad que este tema se debata hoy en la Cámara de Diputados, donde se presentará la campaña de sensibilización “También las imágenes matan”, patrocinada por la Red de la Diáspora Africana Negra en Italia (Redani). La idea es de realizar propuestas que involucren actores sociales y las instituciones que trabajan en el Tercer Sector, así como el de crear conciencia a todos los ciudadanos sobre el tema, promover un debate sobre la necesidad de una ley para prevenir los abusos y la explotación de las imágenes de sufrimiento, con el reconocimiento de un Código de Conducta.

Se han hecho algunos avances en los últimos años. Para dar un ejemplo, el artículo 7 de la Carta de Treviso – o sea, el Código de ética para los periodistas italianos para los menores – dice: “En el caso de los menores enfermos, heridos, desfavorecidos o en dificultad, es necesario prestar una particular atención y sensibilidad en la difusión de las imágenes y de los acontecimientos con el fin de evitar que, a nombre del sentir lástima, se llegue a un sensacionalismo, que termina por convertirse en explotación de la persona”. Un imperativo moral que no admite excepciones y que es válido independientemente del color de la piel o del país de origen.

Y sin embargo, lejos de estar cerca de una solución, el uso masivo de las redes sociales como una fuente de información ha abierto un nuevo frente, con respecto a este tema. La fotografía del raid frances en Raqqa, especialmente la que hace ver a un padre gritar al cielo su dolor con su hijo muerto en sus brazos, es de hecho un fake, o sea una imagen que no es real  respecto al evento descrito. Lamentablemente  es cierto el dolor de ese padre, porque la imagen se remonta al 2014 y fue tomada en los bombardeos llevados a cabo por el ejército sirio en Alepo, pero no tiene nada que ver con la decisión de Hollande para elevar la cacería francesa para destruir la fortaleza del Isis. Es otra forma de utilizar en manera instrumentales las imágenes de los niños en el dolor y la muerte, para tocar las conciencias de las personas.

Y “esta falta de respeto hacia los menores, incluso después de la muerte, debe ser detenido. Lo que significa que el uso esas imágenes no pueden defenderse, no puede presentar una demanda, ni siquiera  son conscientes de haberse  convertido involuntariamente en protagonistas de una campaña mediática, bien seafoundracing o propaganda política. Una bofetada a la dignidad de cada niño.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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