SANIDAD, EL PROFESOR INSACIABLE

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En la Italia de hoy, donde para sobrevivir tienes que dar saltos mortales, el pensar en hacer dos trabajos, tal vez bajo cuerda, es una cosa aceptada por todo el mundo. Por supuesto, no es correcto, es contra la ley, pero la percepción popular es que la “justicia”, entendida como un conjunto de normas, sea a menudo muy lejana de la “justicia”, considerada como un valor absoluto respecto al individuo.

Pero cuando este mecanismo no está ligado al concepto de supervivencia, pero se utiliza para hacer el dinero a las espaldas de los ciudadanos, percibiendo elevadas cantidades de dinero público, aprovechando de su posición privilegiada, entonces la impresión general cambia. Y se transforma en indignación cuando uno se da cuenta de que el terreno donde se consume esta situación inaceptable es en el de la salud. Una bofetada a los derechos de los ciudadanos.

La sentencia n.88 del 2015, en este sentido, levanta el velo sobre el enésimo fraude contra el servicio sanitario nacional. El protagonista es un neurocirujano ante la clínica “Santa Rita” en Milán, asociada con las autoridades locales de salud (Asl). El “Barone”, que es uno de los profesores universitarios que también desarrollaba la actividad profesional, no estaba satisfecho con el doble salario percibido como médico de guardia a tiempo completo y profesor de la Universidad, sino que también trabajaba como profesional libre extra moenia.

Y no era por poco dinero: en los últimos años, el profesor ha percibido ganancias indebidas por 747.912 mil euros, pasando por 11 clínicas, casas para ancianos y hospitales privados (entre la Lombardía, el Véneto y el Lacio), 8 compañías de seguros, 1 fondo privado de aseguración, 1 sociedad comercial. La mayor parte del tiempo presentando falsos certificados con falta de incompatibilidad.

La cuestión, en términos jurídicos, ha sido bastante compleja, hasta llegar a más instancias. Se interconectaba de hecho la falta de certificación como profesor universitario, del tiempo robado a la actividad de los hospitales como empleados, la ilegalidad de la actividad extra moenia. En resumen, demasiados cargos, competencias y superposiciones que, a la final, llegaron con el tiempo a la Corte de Cuentas.
La batalla legal, a ese punto, se ha movido en términos de prescripción, sobre el cálculo del neto y no del bruto, y – así pidió a la defensa – sobre la falta de fraude en cuanto que el profesor “había decidido actuar de forma lícita, que implicaba la prestación ocasional y esporádica”.

Los Jueces Contables entraron en mérito de estas disputas, pero no hace falta decir que todo el mundo puede tener una idea de las acusaciones realizadas y de la línea de defensa. Especialmente a la luz de los sacrificios que hacen para llevar adelante a una familia quedando dentro de las disposiciones de la ley, de las dificultades que muchos tienen que ganarse la vida, pagando todos los impuestos, incluidos aquellos sanitarios. Puede ser un razonamiento populista, pero hasta prueba contraria, la sociedad está integrada por el pueblo, que debe ser respetado siempre.

El hecho es que los magistrados, a pesar de hacer  la tara de las objeciones planteadas por la defensa, han afirmado como argumento “en el contexto del comportamiento del sujeto agente … tiene suficiente elementos para hacer creer la intencionalidad del silencio y su conocimiento previo para ocultar el daño.” En resumen, en pocas palabras, para los jueces, el profesor sabía muy bien que estaba embolsandose dinero por actividades que no debería haber realizado. A la final, aunque con un gran fragmento económico, la condena le llegó, y ha sido considerable: 306.737,07 euros para devolver a la Universidad de Génova, con la revaluación monetaria y los interés legales. Con una visión positiva, con gran alegría del “pueblo”, ha costado caro al profesor el título de “Barone”.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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