LA SANTA INDIGNACIÓN

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ALDO BUONAIUTO

Los trágicos acontecimientos de París han revivido el uso de la religión distorsionado dramáticamente . Se nos quiere hacer creer que, en nombre de la fe, se pueda cometer horribles crímenes, pero como dijo Papa Francisco, usar el nombre de Dios para justificar el camino de la violencia y del odio es una blasfemia.” Sin embargo, la provocación contra las religiones ahora es continua, constante y estratégica.

Propio en estos días en Toscana, se han llevado a cabo algunas absurdidades. En la escuela elemental Matteotti de Florencia, para no discriminar a los estudiantes que pertenecen a otras religiones no cristianas, fue cancelada la visita a la prestigiosa exposición “Belleza Divina” en curso en el Palazzo Strozzi. En otra ciudad, Lucca, en pocos días será ignagurado el Festival Fotolux, bienal internacional de fotografía, donde en su interior estaba prevista la exposición de una imagen tomada por el artista estadounidense Andrés Serrano, el “Piss Christ” (literalmente, traducido como “Cristo de la orina”) que muestra un crucifijo sumergido en la orina del autor. En la misma ocasión, además, se exhibirá también la obra de Rheins que representa a la Virgen María tomada dicha imagen con un generoso escote en sus pechos y mirada provocativa.

Para la irreverencia no hay más límite, especialmente si el tema es el cristianismo. El conocido Marilyn Manson, también en la Toscana, en la víspera de la visita del Santo Padre, durante su concierto quemó la Biblia. Parece que la blasfemia por los símbolos cristianos deba ser  tolerada, siendo capaz de alcanzar el máximo de la bajeza humana como la profanación de las Sagradas Escrituras y del crucifijo.

El silencio de tantos católicos en esta ocasión es ensordecedor. Tal vez ellos están intimidados o confundidos por los constantes y feroces  ataques contra la Iglesia. Seguramente los grandes esfuerzos de Papa Francisco, si por una parte provoca tanta admiración, por la otra está despertando el “dragón antiguo”, de Satanás, con todas sus legiones, espíritus inmundos que se desataron en el ensuciar el Cuerpo Místico de Cristo.

Es ingenuo pensar que los escándalos perpetrados sistemáticamente durante semanas desde hace mucho tiempo no tengan la dirección del “gran instigador” que trabaja a través de sus siervos.

Del cuerpo humano a las relaciones, de la concepción a la constitución de la familia, del sufrimiento a la muerte, incluso las agencias educativas actuales muestran abiertamente su aversión a lo sagrado que en lo específico es el cristianismo.

¿Y cómo pueden las instituciones que profesan la atención a no discriminar ni ofender la sensibilidad, convertirse ellas mismas discriminantes en referencia a los católicos? Esta aparente contradicción, parece más deseada que casual. La triste realidad de nuestros tiempos es la traición y la negación de los valores cristianos. Las conciencias de los jóvenes ya no son formadas sino deformadas a la subcultura de la decadencia y de todo lo que es profanación.

En los últimos días he manifestado, junto con otras personas de buen sentido, la indignación por la destrucción planificada en la exposición de Lucca, instando a los organizadores a pedir disculpas y retirar la obra blasfema. El objetivo se ha logrado: el “Piss Christ” fue retirado del catálogo. Ahora, sin embargo, sigue abierto el frente florentino, y para esto, un apelo a los maestros de la Matteotti: llevar a todos los niños para ver la exposición “Belleza Divina”, sin miedos innecesarios. Florencia, la cuna de la cultura, no puede caer tan bajo. Dividir y separar es el terreno de cultivo donde se desarrolla el odio. Ahora más que nunca, es necesario aprender de la horrible lección de París.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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