UN ARMA ENTRE LOS BANCOS DEL AULA DE UNA ESCUELA

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Una absurda “routine”, así lo definió el presidente Obama, que aparece a menudo desde los Estados Unidos gracias a los hechos atroces de noticias e inflama el debate de la opinión pública. En animar a los jóvenes a tener una arma para matar voluntariamente a sus compañeros de clase, son las peleas, la incomprensión y la discriminación racial. Hasta la fecha, sin embargo, el uso de las armas por parte de los adolescentes para realizar un tipo de justicia “hazlo tú” no estaba en los estudios de casos europeos.

Hasta ahora, de hecho. Porque lo que pasó en Ivrea, propio en Italia, mueve el azimut de los razonamientos y fuerza a cuestionarnos nuestras conciencias. El hecho: la mejor amiga es abandonada por su novio, y él, para reparar la ofensa, se presenta en la escuela con un calibro 38. Venganza, más que defensa, por lo tanto, aquella que mueve a un joven de 16 años de edad para entrar en su clase, en un instituto profesional, con un arma. Cuando los compañeros ven el arma advierten a la policía. La intervención de la policía es oportuna. Una acción no pensada que lleva a la detención del adolescente y a la denuncia por porte ilegal de armas. Los policías en la mochila del jóven también encontraron una docena de balas y cinco cuchillos, también incautados. Luego se supo que el arma había sido denunciada regularmente y pertenecía al padre del chico, así como los cuchillos.

Un gesto, que pareciera inspirado a muchas escenas cinematográficas: pistola y cuchillos, así como amenazas, para asustar. El “acoso” que se convierte en algo grande, probablemente sin la verdadera intención de hacer daño, o de matar a alguien. Pero la frontera entre las amenazas y la tragedia es más lábil que cuanto los jóvenes puedan imaginar. Y está claro que el uso continuado de la violencia, desde los videojuegos al cine, puede inducir fácilmente a la mente de los más jóvenes a la emulación. Con consecuencias desastrosas.

Los padres, sin tener conocimiento de nada, cuentan a la policía que las armas siempre se habían mantenido salvaguardadas dentro de una caja fuerte, pero al parecer, él sabía dónde encontrar las llaves. Un acto grave, que a los ojos de la ley no es sólo un error de la etapa de adolescencia, sino que es un verdadero crimen. Del chico, de hecho, se ocupará el Tribunal de Menores de Turín. Las investigaciones, sin embargo, aún están en curso.

Esta vez, por suerte, nadie ha resultado herido. No fue así en el año 1996, cuando se llevo a cabo el asesinato de unos niños en una escuela primaria en el Reino Unido, así como la escena de disparos en el 2002 en Alemania, donde en un tiroteo un chico de diecinueve años mató a quince compañeros de clase, así como el ataque en Oslo en el 2011). A pesar de su impacto emocional, en los Estados Unidos aún no se ha logrado cambiar las leyes sobre la posesión de armas, mientras que en el Viejo Continente aún se consideran como casos esporádicos, ejecutados por jovenes mentalmente inestables. Pero subestimar el fenómeno es un error que podría ser costoso para la sociedad.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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