NEPAL, DONDE LA VIDA VALE UN RIÑÓN

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Podrían llamarlo el “pueblo de las cicatrices.” La dignidad humana, por sobre todo que el cuerpo físico. Casi todos tienen una cicatriz visible en la pelvis. Es un signo de identidad. Significa: “Soy pobre, vendí un riñón.” Lo llaman “el pueblo de los riñones”, de hecho, Hokse, en Nepal, en el Asia menor. Para los traficantes de órganos es una mina de repuestos humanos a bajo costo, con la complicidad de los médicos complacientes, a menudo cirujanos especializados sin escrúpulos, que operan en condiciones de ilegalidad y sin el respeto de las normas higiénicas primarias.

Un riñón allí cuesta entre mil  y 2 mil dólares, mientras que en los Estados Unidos, el costo es de unos 40 mil dólares. El precio pagado al “vendedor de órganos” después de la cirugía es casi siempre mucho menor a la cantidad acordada. El comprador paga alrededor de 50 mil dólares para la completa “operación”: el proveedor, la hospitalidad del hotel, la hospitalización, la cirugía.

Algunos de los comerciantes del “material viviente humano” se sienten incluso como benefactores: “Tú  tienes un riñón nuevo, el donante está contento porque necesita el dinero.” Feliz a ceder un pedazo de sí mismos para sobrevivir, para pagar la comida para sus hijos, la medicina para los familiares enfermos, el alquiler de la casa, en un país donde hay muy poco para lograr ser feliz.

Son historias de pobreza. Historias de la miseria humana. Historias de vidas que no conocen el significado de vivir. En el Festival de Cine del 2010, el director Roberto Orazi, presentó la película-documental-investigación “H.O.T. – Human Organ Traffic”. Entre los protagonistas, estaba Deepak, un joven de Nepal, que comentaba la decisión de vender un riñón para comprar un pedazo de tierra, en donde cultivar arroz y lentejas para alimentar a su familia.

La emancipación de la pobreza a través de la donación de órganos es, sin embargo, un engaño. En un estudio publicado en el “Journal of the American Medical Association” en el 2002, demuestra que quien ha vendido un riñón para mejorar sus condiciones económicas, en realidad, le ha empeorado. Después de seis años, cae en condiciones de pobreza, a veces mucho más graves. Por no hablar de los problemas de salud: dolores constantes, insuficiencia renal e hipertensión, depresión, aislamiento social, incapacidad para trabajar y desempleo.

En Nepal, la donación de órganos es ilegal, excepto en los casos en los que existe consanguinidad. Es fácil hacerse pasar por familiares. Los documentos falsos no son un problema. “Los cirujanos están muy conscientes de que todo es falso, pero hacen ver que creen a la identidad de los documentos. A veces son ellos mismos en solicitar el qué escribir en los certificados. Si un médico hace algunas preguntas de más, es solo para pedir un pago en negro en la clínica “, declaró al periodista del Espresso, Alessandro Gilioli, un intermediario de Katmandú, Krishna Kanki.

Además de los vendedores voluntarios, están después los traficantes de personas. Un “mercado”criminal que, para el Observatorio de las Naciones Unidas, se convierte en casi 32 mil millones de dólares al año.

Sólo en el 2014, en Nepal desaparecieron más de 5.000 mujeres, según los expertos, debido al comercio ilegal de órganos, por la explotación de la prostitución o la reducción a la esclavitud. Un fenómeno en crecimiento que es cada vez más alarmante. Kamala Bhatta, representante de la Unión femenina del Departamento de Policía, en Nepal, informa que la mayoría de las mujeres desaparecidas son menores de 40 años. “Sólo el 30 por ciento de las familias realizan la denuncia.” A menudo, de hecho, son las mismas familias, pobres, en vender a las chicas a las organizaciones criminales.

La vida de las mujeres vale mucho menos que la de los hombres, en muchos países asiáticos. En algunos no vale nada. En Nepal, por ejemplo. Las viudas son, para los revendedores, la presa más fructífera.

Rupa Rai, activista católica, colaboradora de la Caritas Nepal, ha instado reiteradamente al gobierno local para adoptar “nuevas políticas para garantizar un severo castigo contra los traficantes e implementar programas de prevención contra los delitos.”

Luego está la desaparición de los inmigrantes, drogados y operados sin su consentimiento. Y la venta voluntaria, por ejemplo de los migrantes que huyen del Tercer Mundo hacia las costas italianas. Los contrabandistas de Eritrea y de Libia, brokers de Nigeria y de Somalia, gestionan el business del almacenamiento de los seres humanos para la tierra firme.

Nepal, India, Pakistán, junto con Filipinas y Brasil, en Europa la Moldavia, son los países que están en la cima de la clasificación “negra”. Los países de donde provienen los mayores números de solicitudes son Israel, Japón, Sudáfrica y los Estados Unidos. Una bofetada a los que creen que vivir en un país rico significa ser civil. Los “bienes” solicitados son los riñones, los ojos, el hígado, el corazón, el pulmón. Junto con los órganos visibles, se destruye aquel “invisible” y más valioso: el alma. Aunque si el cuerpo sobrevive a la operación, el espíritu muere. La persona se ha deteriorado en su humanidad, en primer lugar.

Aunque si está prohibido por los Tratados internacionales, el comercio de órganos para trasplante es, de hecho, permitido en muchos países. En Irán es legal. Singapur es el primer país en legalizar la venta de órganos de manera voluntaria. Aquella del riñón es la más extendida en el mundo. En el mercado negro circula alrededor de mil millones de dólares al año. Según la Organización Mundial de la Sanidad, cada año se realizan unos 66 mil trasplantes de riñones, 21 mil de hígado, 6 mil de corazón. Se estima que el 10 por ciento de los casos, se trata de donaciones ilegales.

Una Recomendación del Consejo de Europa en el pasado julio, tendrá que ser incorporada por los Estados miembros para perseguir de manera penal, el tráfico de órganos.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

 

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