ALARMA NASA: LLEGA EL APOCALIPSIS SOLAR

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SOLE

La bomba a reloj está colocada bajo nuestras cabezas, a 150 millones de kilómetros de distancia de nosotros. Nos calienta, nos ilumina, nos proporciona energía, permite la existencia misma de la vida. Del polvo generado desde su inicio, la Tierra y los otros cuerpos de nuestro sistema solar fueron creados.Y cuando morirá nada de lo que existe en esta pequeña parte del universo quedará intacto. El Sol nos está mirando desde arriba como un padre con dos caras. Aquel bueno está presente desde hace cientos de años, garantizándonos calor y luz, el rostro malvado explota en pocos instantes y produce efectos devastadores.

Son muchas las maneras a través de las cuales una estrella se puede destruir, existen algunas posizionadas a distancias siderales capaces de producir destellos gamma tan poderosos de poder literalmente desintegrarnos. En el caso del Sol, más pequeño respecto  algunos de sus hermanos dispersos en el universo, los riesgos son menores, pero existen. Uno de estos está representado por las bengalas, una erupción violenta de la materia que explota desde la fotosfera de una estrella, liberando una energía equivalente a decenas de millones de bombas nucleares. Radiaciones letales se expanden en el espacio hasta alcanzarnos. Es aquello que temen los científicos de la Nasa, los cuales en estos días han dado la voz de alarma sobre una gigantesca erucción solar que se espera para el año 2022. Las posibilidades de que esto ocurra son de un 12%. Un porcentaje no muy alto, pero que no puede ser subestimado. La explosión podría, de hecho, cancelar nuestros recursos tecnológicos, haciéndonos regresar atrás en el tiempo. Imaginen el escenario: el Pc fuera de servicio, tarjetas de crédito y teléfonos móviles desmagnetizados, redes eléctricas aniquiladas. Todo el mundo que conocemos, nuestras seguridades, nuestra propia forma de vida sería aniquilada en un instante. Una bofetada a los delirios de grandeza del hombre, que se encontraría de nuevo indefensa ante el poder de la naturaleza.

El último fenómeno del tipo del que tenemos conocimiento es el conocido “Evento de Carrington” ( del nombre del físico que estudió en profundidad las manchas solares), la súper tormenta  solar que desde el 28 de agosto al 2 de septiembre de 1859 golpeó a la Tierra, destruyendo gran parte parte de la línea telegráfica en Europa y América, produciendo auroras visibles incluso en Roma, Hawai y Jamaica.

La advertencia que proviene de la agencia espacial estadounidense se le ha prestado atención y la Casa Blanca ya se ha puesto en marcha para encontrar contramedidas. Paliativos, por supuesto, ya que la ciencia aún no es capaz de evitar estas tormentas electromagnéticas, pero aún puede ser capaz de limitar las consecuencias. “Tenemos que poner en acto, a nivel nacional, un proyecto que nos permita comprender plenamente el fenómeno, en todos sus aspectos, de modo que poderle hacerle frente – dijo Bill Murtagh, un miembro de la oficina de ciencia y tecnología del gobierno americano -. El problema es real, el peligro es real”. El plan de emergencia se divide en seis pasos. Pero en causar preocupación es sobre todo el factor tiempo: en la actualidad los expertos no serían capaces de advertir a la población con una antelación mínima de 15 a 60 minutos. Demasiado poco para mantener a salvo a todos. Por ahora la única arma disponible es la prevención. Se invitó a los ciudadanos a tener reservas de bienes de primera necesidad (alimentos, agua y medicamentos) para atender al menos las primeras 72 horas después de la catástrofe. La otra medida para el estudio es aquella de crear una red para la coordinación de los Estados de América del Norte y del mundo. Con el fin de comunicarse y organizarse por última vez, antes del final.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

 

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