CYBERCHONDRIA, EL RIESGO DE CURARSE A SÍ MISMO CON EL PC

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cybercondria

Francesca confundió el inofensivo sangrado de una fisura por un cáncer de colon. Cristian estaba convencido de que las fisiológicas parestesias nocturnas (cuando dormimos mal y se nos duerme una mano o pie) eran síntomas inequívocos de una esclerosis múltiple. Andrea arriesgó el sufrir de insomnio detrás de las mioclonías, los signos nerviosos e involuntarios que a menudo tenemos durante el momento del sueño, se convirtieron de repente en un signo seguro de una Sla en la fase inicial. A los tres les fue necesario  una consulta especializada y apoyo psicoterapéutico para superar los ataques de pánico y convencerse de no tener nada. Y para detener la supervisión, googlare, hojeando la web, en la busqueda de una respuesta cierta y segura de los propios sufrimientos, aumentando de esta manera la propia carga de ansiedad.

Técnicamente se conoce como Cyberchondria (un acrónimo entre la hipocondría, el miedo a la enfermedad, y la cibernética), y es la inclusión espasmódica en los buscadores de internet de los dolores, malestares, enfermedad o sensaciones simples para tener un diagnóstico online. Para los expertos se trata de un trastorno real obsesivo de naturaleza compulsiva, que conlleva una gran cantidad de daños. Esto debido a que Google y co. funcionan de acuerdo con los algoritmos que favorecen a los resultados más populares. Entre estos se encuentran, por supuesto, las patologías más graves: neoplasias, enfermedades del sistema nervioso central o cardiovascular. He aquí pues, como un simple dolor de cabeza, se convierte en un tumor cerebral, un dolor en el brazo se convierte en un principio de un ataque cardíaco y un fascicular (el espasmo muscular que muchos tienen en momentos de estrés) se convierte en un preludio a la parálisis.

Un problema social que no es insignificante y, sobre todo, en rápida propagación. De acuerdo con los últimos datos más recientes en los Estados Unidos están afectadas 8 de cada 10 estadounidenses, mientras que en Italia afectá al 32,4% de la población (Censis 2012). Una bofetada a los médicos, los únicos diputados, después de años de estudio y especializaciones, en que podemos saber si estamos enfermos o no. Y que en cambio, muy a menudo, no son escuchados como se debería. Las consecuencias son fáciles de explicar. Internet ofrece un impresionante cuerpo de información, que no siempre están actualizados con las últimas investigaciones científicas. Pensemos en Wikipedia, enciclopedia multimedia donde cualquiera puede hacer su contribución, pero que no debe ser tomada como una fuente confiable a fin de sustituir el consejo de un experto. Luego están los portales donde es suficiente introducir el síntoma que se tiene, para tener una respuesta a la posible patología. Sitios de evitar como la peste. Por ejemplo, si escribimos “sangre de las encías”, obtenemos una amplia gama de respuestas que van desde la gingivitis común hasta la cirrosis hepática y la leucemia. Un sujeto ansioso ignorará la enfermedad menos grave y se centrará en las otras, tratando de profundizar la discusión con otras investigaciones. La consecuencia son las de empezar a sufrir trastornos psicosomáticos, advirtiendo enfermedades inexistentes, pero que se está convencido en esos momentos de tener. Y si además de ser un hipocondríaco también puede ser iatrofobico (miedo de los médicos) por lo cual no tendrá el coraje de dirigirse al médico para tranquilizarse acerca de sus condiciones reales. El riesgo es el de aislarse, sufrir de ataques de pánico y proceder, lentamente, hacia la depresión.

Otro instrumento de tomar precaución son los foros de los médicos que ofrecen consejos. Tenganse bien en cuenta esta frase: “consejos” no debe confundirse con “diagnóstico”. Son los mismos con las  batas blancas consultados a repetirlo continuamente a los usuarios: “la medicina no es una ciencia de práctica a distancia”. Y sin embargo, pocos parecieran escuchar esta advertencia. La solicitud de aclaración es constante, a pesar de las invitaciones a realizar pruebas específicas. Algunos hacen una lista de compras de sus males, a menudo colocando juntos síntomas variados, no necesariamente conectados a la misma patología. Al final, el experto se cansa y deja de responder o también escapa, invitando al paciente virtual a consultar a un psiquiatra.

Entre los sitios más o menos fiables, discusiones online y en las redes sociales el Cyberchondria se propaga, eso sí, como un cáncer virtual. Para detenerse se necesita esforzarse, tener el valor de hablar con sus seres queridos o  con un médico en carne y hueso. Y confiar en lo que dirá, incluso si la explicación dada no disipará por completo las dudas o nos asustará. Recordando que la enfermedad (si existe y lo que sea ella) se vence más fácilmente, si tomamos de nuestra mente las herramientas para luchar contra ella.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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