El Príncipe del Mal

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En la noche entre el último día de octubre y el primero de noviembre, las calles y los locales están llenos de niños y adultos grotescamente disfrazados de esqueletos, brujas y vampiros, zombis así como también murciélagos, gatos negros, hombres lobo, y así sucesivamente. Nuestras calles, ventanas de los negocios, incluso los pasillos de las escuelas de repente, son decorados de color naranja y calabazas gigantes. Talladas con forma de “cara malvada”, aparecen de la nada, como por arte de magia: es Halloween, la fiesta de las calabazas.

En cambio, para los satanistas, para los adoradores del Mal, Halloween es la fiesta más importante, el Año Nuevo, el cumpleaños de Lucifer, y la oportunidad de atraer a nuevos seguidores. En la noche del 31 de octubre, mientras que los ingenuos chicos piensan de jugar inocentecomo felizmente en un juego social, los ocultistas realizan ritos sacrílegos e inhumanos, profanan cementerios, matan a bebés recién nacidos, sacrifican a seres humanos y animales, realizan misas negras, ocultan drogas y veneno en los dulces y en las frutas que regalan a los niños. Halloween, entonces, es el truco del diablo: detrás del carnaval se esconde el universo oscuro del horror y del mal, el gusto por el horror y las tinieblas, la victoria de la muerte sobre la vida, de la oscuridad sobre la luz, del bien sobre el mal.

Halloween es el anti-culto cristiano: una invitación para vivir en el mundo de los monstruos, en amistad con las almas inquietas y aterradoras, atrapadas en el umbral entre dos mundos, divertirse con figuras de fantasía de terror y demonios del mal, en lugar de tratar de buscar la comunicación con los ángeles de la luz y con los santos, testigos de la alegría y del amor de Dios.

Cuando el monstruo se considera como algo agradable, el terror es divertido, el horror es satisfactorio, se marca el límite entre el bien y el mal, la puerta del juicio se abre sobre el abismo moral. El Príncipe del Mal atrae en su trampa ejércitos de los jóvenes y adolescentes, en su mayoría inconscientes, con el placer de lo macabro y de lo monstruoso y profanando el significado de la muerte.

La Fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de los Difuntos son, en cambio, una oportunidad para reflexionar sobre el misterio de la muerte desde la perspectiva de la Resurrección y como nacimiento de la inmortalidad, en donde sólo aquellos que han vivido de acuerdo con la Palabra de Dios, en la luz de su Amor, experimentarán la plenitud de la alegría eterna. Es necesario, en efecto, urgente, recuperar y promover una cultura de la vida, que, con su belleza, ofrecezca ejemplos y modelos de esperanza a muchos inmersos en aquello que Papa Francisco ha definido, como una “cultura de la muerte”, ahora vigente, de la cual el Halloween es una herramienta y una demostración.

La fiesta de las calabazas es, en realidad, una fiesta para las calabazas vacías. La broma del demonio es el dulce mortal para el alma.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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