Papa Francisco y Valentino Rossi

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La “sportellata” de Valentino Rossi a Marc Márquez, ha bombardeado las páginas de los diarios deportivos de todo el mundo. Pero ese duelo, sobre el que, inevitablemente, se continuará a discutir, abrió las puertas para los razonamientos sociológicos más amplios, desconectados del contexto del campeonato de moto mundial. El punto de la cuestión gira en torno al respeto de las reglas. ¿Qué podemos comprender con esté término? Simplemente, la adhesión a los principios escritos en algunos catálogos, bien sea ético, moral o jurídico. El cumplimiento de la letra alivia las conciencias, haciendolas cubrir por una pureza formal, que a menudo carece de la sustancia. Las reglas no son sólo aquellas escritas, a pesar de ser necesarias para una convivencia civil (Hobbes docet), sino aquellas de honestidad intelectual.

En este caso, Márquez ha utilizado diferentes medidas, para relacionarse con los dos pilotos que se están jugando el Mundial: Lorenzo lo hizo pasar dandole paso, Rossi lo bloqueó en un duelo rústico. De las dos cosas, una: o bien la competencia es sagrada para cualquier adversario, y entonces la competencia en curso iba realizada por ambos, o también vale la pena meterse de lado, para no molestar la competencia y también en este caso, la moneda tenía que ser la misma. Así que no fue, con el agravante de una “capocciata” a la que el Doctor respondió, moviendo la pierna de 35 grados, aquella suficiente para mandar al suelo al español.

La Honestidad, por lo tanto, no se puede atribuir solamente al cumplimiento de las reglas formales, sino al enfoque moral con el que hacemos las cosas. Vale la pena preguntarse: en la vida de todos los días, ¿cuántas veces cada uno de nosotros ha sido Márquez, pretendiendo de tener razón sólo porque está “dentro” de las reglas? ¿Con qué frecuencia vivimos nuestras relaciones, personales y de trabajo, basandonos no sobre lo que sería correcto hacer, sino sobre el respeto formal de la normativa? ¿Cuántas veces, después de haber maldecido al monstruo de la burocracia, nos hacemos influenciar del mismo para defenderlo de las responsabilidades más grandes?

Con demasiada frecuencia, tal vez, no podemos aceptar los éxitos de los demás, nuestro orgullo no nos permite dar un paso atrás, pretendemos vivir nuestras cosas, sin tener en cuenta los derechos de los demás. En fastidiarnos, a veces, son los éxitos de los demás, las debilidades de los demás. En todos los aspectos de la vida. Y actuamos (a pesar de que nuestra elección es todo lo contrario, de no actuar y no tomar partido) permaneciendo dentro de las reglas y así nos olvidamos de cualquier responsabilidad, eliminando al mismo tiempo, lo que nos da fastidio o nos pone en una situación de discusión.

Durante el mismo fin de semana, en donde la Sepang iba en escena por el  psico-drama de “dos ruedas”, en Roma, en cambio, Papa Francisco recordó al pueblo cristiano a no “caer” (irónia de la suerte, la palabra utilizada fue precisamente está) en una ‘fe inquebrantable’. “Podemos caminar – dijo el Pontífice – con el pueblo de Dios, pero tenemos ya nuestra ruta, donde todo se compone.” Si bien es cierto que el cristianismo no es sólo una religión iconografía, podemos y debemos hacernos al menos una pregunta, que en realidad no está dirigida solamente para los católicos, sino para  todo ser humano como tal. Nos sentimos en las reglas, porque simplemente nos limitamos en aplicar los escritos dictados. ¿Pero al hacerlo de está forma, podemos realmente decirnos honesto?

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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