SMS DEL JIHAD, “MADRE TENGO MIEDO”

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sms dallo jihad

Están un hijo y su madre, y en medio cientos de kilómetros. Pero no se trata del Erasmus, ni tampoco es una experiencia laboral en el extranjero en separarlos: es la guerra. La batalla atroz entre los hombres que derrama sangre, la representación plástica del mal absoluto, del odio, de la brutalidad. La escena la conocemos: un joven determinado se deja cautivar por un ideal y lo deja todo, incluyendo a su familia, para ir a combatir. Los padres se inclinan en medio de preocupaciones, esperan noticias, esperando que el conflicto termine. Tienen la esperanza de que su “niño” regrese con vida, que no sea herido, que no se enferme. Pero él está lejos, demasiado lejos. Lo que queda es esperar la llegada de una carta, de un mensaje, de un mensaje de texto o de un selfie para tranquilizarlos, al menos por un tiempo.

El smartphone suena. “Hola mamá, escucho las bombas del raid, rezo y tengo miedo.” Él está en Siria, alistado en las filas del Isis. Ella, su madre, vive en Francia. “¿Cómo estás? Me alegro de tener noticias tuyas. Sabes, estaba preocupada”, se lee en el chat del terror, publicado por el diario transalpino “Le Figaro”. “No te preocupes – él responde – estoy al seguro, pero, sí, han habido bombardeos.” Y todavía: “¿Cómo sucedió? ¿Dónde estabas? “Respuesta: “Estoy al seguro, pero tengo miedo.” La mujer abre de manera enfatica los ojos. Por primera vez desde que partió su hijo, el mismo demuestra su fragilidad. Una mezcla de miedos y esperanzas se abre paso en la mente de la mujer. ¿Y si estubiera cambiando de idea? ¿Y si la intensificación de los ataques aéreos contra las posiciones del Isis estubieran contribuyendo a hacerle sentir la nostalgia de casa? La madre no pierde esta ocasión. “¿Miedo? ¿Pero que has hecho? ¿Te pudiste proteger?”. La replicación es desarmante: “Sabes, en este caso voy a orar.”

Desde el inicio del raid, decenas de familias occidentales viven emociones contradictorios. Pero por una parte, las bombas de la coalición, y ahora también desde Rusia, hacen pensar a un posible resultado rápido de la guerra. Por otro lado, es inevitable la angustia para los hijos los cuales están expuestos a los cohetes, explosiones y combates. “Aquí las opiniones públicas son claramente favorables, es normal. Racionalmente también nosotros , pero después está presente en el corazón … nuestros hijos están allí “, comenta la señora al periódico. Según la última encuesta, alrededor de 6 mil ciudadanos europeos combaten en Siria, divididos entre el frente de Al Nusra, afiliados a Al Qaeda y el Califato. Los franceses son alrededor de 700, los británicos 1.200, un centenar provienen de España, 600 de Alemania, más de 400 de los Países escandinavos y al menos 87 de Italia.

Frecuentes son los casos de los que mantienen vivos los contactos. “Hablamos casi todos los días, a menudo varias veces al día”, explica Ve’ronique Roy, cuyo hijo, Fe’lix, un francés convertido al Islam de 23 años de edad, escapó de Siria desde hace ya un año. Al principio, el chico había comenzado a inundar los smartphone de los familiares con versículos o suras del Corán. En respuesta, la madre enviaba las citaciones de Mandela, Sócrates o Camus. Hasta el día en que Fe’lix se mostró más sectario: “Mediten sobre los textos sacros”, les decía. Pero Ve’ronique no se explico: “No hacemos nada con tu doctrina. No trates de cambiarnos”. Después el silencio radio durante mucho tiempo. Una bofetada al amor incondicional de un padre. Hasta un mensaje nuevo, está vez por tonos más soft. “Papá, mamá, buenos días, ¿cómo están? ¿Y la salud, y el trabajo?

En la escalofriante cuenta de Fígaro, existe también la última comunicación de otro chico: “Les digo adiós. Me llevan a Irak … “Traducción, según el diario:” Fui seleccionado para un ataque suicida”. Los yihadistas eligen a los más débiles, los enfermos, aquellos que pueden hacer poco o nada, testimonian algunos miembros de la familia. Para algunos de ellos, no existen dudas: “Para estos adivinos de dios, el” buen”musulmán debe respetar a sus padres hasta la muerte. Por este motivo, los chicos son autorizados a comunicar con nosotros “. Pero los mensajes también pueden seguir largos silencios. Y muchos temen lo peor. A veces son los mismos “emires” para comunicar la noticia a los padres. “Su hijo (seguido del nombre de combatiente) está muerto.” Un último trágico y violentisimo mensaje. La esperanza se desvanece. La guerra, una vez más, ha roto el tierno corazón de una madre.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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